miércoles, 29 de junio de 2011

El Morro, el Cristo y nuestra esquizofrenia histórica


El conjunto de cerros conocido como el Morro Solar fue escenario el 13 de enero de 1881, de una de las batallas más sangrientas de la guerra con Chile. La derrota sufrida por las fuerzas patriotas fue el preámbulo de una nueva derrota en Miraflores dos días más tarde y de la ocupación de la ciudad por las tropas del coronel Lynch.

La batalla en el Morro Solar fue particularmente sangrienta porque, a pesar del mayor poder de fuego de los chilenos, los defensores estaban estratégicamente ubicados en la cima y su artillería rechazó con éxito los primeros embates de los ocupantes. A lo largo del día, los restos de las columnas peruanas vencidas en San Juan, se fueron sumando a los defensores del Morro. Los chilenos se vieron obligados a retroceder y hacer una pausa para retomar el ataque una vez que obtuvieron refuerzos. La artillería sembró de muertos y heridos las pendientes pero luego del mediodía la suerte estaba echada. El embate final fue cuerpo a cuerpo. Rodeados por el fuego enemigo, con sus fuerzas diezmadas y agotadas, la división peruana del General Iglesias cede posiciones y se repliega sobre Chorrillos.

En la defensa de Lima participaron junto al Ejército regular, numerosa población civil que integró las milicias y batallones de Reserva. En la memoria colectiva de los habitantes de la Lima de entonces, los sucesos vividos marcaron profundamente estos episodios y convirtieron al Morro Solar durante casi medio siglo en un lugar de peregrinación.

Al año siguiente de la batalla, el italiano Manuel Mazzi junto a un grupo de artesanos realizó una romería al Morro Solar para rendir homenaje a los caídos. En los primeros años de la procesión ésta tuvo como actividad principal el recojo de los restos de los caídos en combate para darles cristiana sepultura. Luego de esta etapa inicial la procesión cívica tuvo lo altibajos que la coyuntura política le impuso, además de desatar disputas entre las instituciones que organizaban y lideraban el ritual cívico.

La construcción del Osario de Miraflores durante el gobierno de Remigio Morales Bermúdez en 1891 cambió el destino de la procesión. En los años siguientes las sociedades mutualistas afines al pierolismo fueron las grandes animadoras de estas y otras actividades organizadas en recordación de la guerra. El 7 de junio de 1905 se inaugura el monumento a Francisco Bolognesi, según los diarios de la época cincuenta mil almas participaron del acto. Ese día también fue establecido por el Estado peruano como el “Día de la Bandera”, un nuevo ritual cívico que obligó a resignificar y dotar de nuevos contenidos a los que ya se celebraban. Para entonces, la procesión de enero había dejado de ser al Osario de Miraflores y se había trasladado a la Cripta de los Héroes en el Cementerio Presbítero Maestro.

La edificación de la Cripta fue una decisión tomada durante el gobierno de José Pardo congregando a los héroes de guerra dispersos en varios cementerios. La Confederación de Artesanos y la Asamblea de Sociedades Unidas fueron las organizadoras de las romerías patrióticas hasta 1914, siendo estos los años cumbre del ritual. Pero el golpe de Estado al presidente Billinghurst, cuya base social estaba constituida por los gremios de artesanos y obreros, junto al auge del anarcosindicalismo, provocaron que a partir de 1915 el mutualismo fuera marginado de la vida pública y su poder de convocatoria entre las clases populares mermara significativamente.

Posterior a esa fecha se producen nuevas modificaciones al recorrido de la procesión. La ojeriza que los nuevos gobernantes le tenían al mutualismo posibilitó retomar el destino de la procesión al Osario de Miraflores, sin embargo, el carácter semi-oficial que comenzaba a adquirir el acto iría mermando su convocatoria.

La última etapa del ritual cívico comenzó durante el gobierno de Leguía (último presidente del Perú que participó en la defensa de Lima), cuando este edifica en el Morro Solar el monumento al Soldado Desconocido en 1921. Una comisión se encargo de recolectar restos humanos en las inmediaciones, los cadáveres fueron sepultados al pie del monumento de la escultura realizada por la Escuela de Artes y Oficios. Desde entonces todos los años se realiza los 13 de enero una ceremonia cívico militar en conmemoración de los caídos. Tres décadas más tardes Manuel Odría haría colocar otro monumento a Manuel Iglesias, quien dirigió la defensa del Morro.

Desde entonces el Morro Solar está en una situación de virtual abandono. La Municipalidad de Chorrillos no ha hecho nada para detener la ocupación de terrenos en las faldas de los cerros. En la década del 90 construyó un Estadio Municipal, conocido por el sobrenombre de “cancha de los muertos”, sobre el terreno que antiguamente fue el cementerio. Tampoco hace nada por cuidar los monumentos que allí existen, antes bien, cobra alquiler por las numerosas antenas que coronan los cerros y hace un par de años autorizó un emprendimiento inmobiliario que violaba la intangibilidad del cerro, declarado monumento histórico en la década del 70. El actual gobierno por intermedio del Instituto Nacional de Cultura, lo impidió.


Los cambios en el ritual cívico reflejan la forma en que moldeamos las imágenes de nuestro pasado asignándoles nuevos significados, muchas veces reescribiendo nuestra historia y rehaciendo la memoria colectiva. La instalación del Cristo del Pacífico en el Morro Solar es una muestra del poco respeto que nuestras autoridades tienen por los espacios públicos y el patrimonio histórico y cultural de los peruanos. También lo es de la esquizofrenia, que como señala Paulo Drinot[1], caracteriza la conciencia histórica peruana. En estos días nuestra justicia sentencia a prisión suspendida a un joven chileno que en estado de ebriedad micciona al pie del monumento a Bolognesi en Tacna, y lo obliga a retractarse públicamente. Muchos se indignan y se desgarran las vestiduras con estas ofensas a los símbolos patrios, mientras que al mismo tiempo toleramos que una mala copia de plástico de un Cristo brasilero corone un monumento histórico que es símbolo de la ciudad.




[1] Paulo Drinot. Historiografía, identidad historiográfica y conciencia histórica en el Perú.


miércoles, 15 de junio de 2011

A paso ligero

La expresión “pato cojo” es aplicada en la política norteamericana a un presidente al final de su período de gobierno cuando ya ha sido elegido su sucesor. Esto podía ser aplicable cuando Alejandro Toledo antes de dejar el cargo y con los resultados a la vista dedicó los últimos meses de su mandato a dejar mochas las tijeras de Palacio inaugurando todo lo que no se movía. En su caso, los meses finales fueron una inesperada luna de miel con la población, un alivio para quien en el tramo final logró repuntar su popularidad luego de estar por los suelos durante buena parte de su gobierno, con amenaza de vacancia incluida.

Pero a diferencia de aquella transición, que implicaba más un cambio de personal en el gobierno y no de las grandes líneas del mismo, la actual tiene otro cariz. Si bien es cierto que la moderación de Humala y la amplia coalición que se sumo a su candidatura hace improbable cambios bruscos de orientación, no menos cierto es que tras veinte años de neoliberalismo rampante el nuevo gobierno viene dispuesto a dar un giro a la izquierda. Ante la inevitabilidad del giro, ni lerda ni perezosa, la colación derrotada trabaja buscando generar un clima propicio que permita hacer un control de daños y al mismo tiempo poner límites a los arrestos reformistas del próximo gobierno.

La élite empresarial presionó al candidato electo para que este hiciera anuncios sobre los responsables en puestos claves del futuro gobierno, so pretexto de calmar a los mercados, y aún sin que hubiera una proclamación oficial de los resultados. Al pedido se sumó la prensa abiertamente jugada por el retorno del fujimorismo, que cuando la CONFIEP, más rápido que ligero, dice que no hay nada que temer y elogia la preocupación por la inclusión social del mandatario electo, cambia el discurso prepotente y nos habla de la necesidad de la reconciliación entre los peruanos. Precisamente, quienes durante semanas azuzaron todos los miedos hablan ahora de la necesidad de cerrar heridas.

La coalición derrotada, con García a la cabeza, prepara una retirada ordenada. Mientras los empresarios acomodan el cuerpo a la nueva realidad y al gran público se le habla de reconciliación, la alianza apro-fujimorista hace intercambios de presentes. El congresista José Vargas habla de la posibilidad de indultar a Fujimori y la premier hace cambios en la presidencia de la Comisión de Gracias Presidenciales, que sería la encargada de recomendar el indulto según lo denunciara La República. Esto corre en paralelo con la aprobación y defensa de la ley Nº 29703 que hacen el gobierno y su promotor, el congresista Sousa. La ley pro-corrupción, fue aprobada a mediados de mayo e introduce modificatorias al Código Penal que según los entendidos cubriría las espaldas de varios funcionarios públicos del actual gobierno, además de beneficiar incluso a los procesados por corrupción durante el régimen fujimorista.

Junto con lo anterior, la bancada aprista apura el nombramiento de Walter Gutiérrez como nuevo defensor del pueblo. La comisión evaluadora presidida por González Posada lo postula como único candidato, a pesar de que hubo treinta y cuatro postulantes al cargo, para ocupar el cual se requiere tener 35 años, ser abogado de profesión y gozar de una reconocida reputación, integridad e independencia. Algo que podría estar en tela de juicio en virtud de que el Ministerio Público lo ha investigado por malos manejos.

Lo cierto es que mientras el presidente electo se va de gira por la región, de forma un tanto apresurada tal vez, y los cuadros más cercanos a Humala se ocupan de las tareas de transferencia al nuevo gobierno, la coalición derrotada se mueve con rapidez. Aquello del “pato cojo” no es aplicable a nuestro presidente, ni para esta transición. Por el contrario, es probable que muchos funcionarios estén prestos a realizar horas extras para entregar la casa en orden. Si un fin de semana fue suficiente para que en el Ministerio de Salud desaparecieran 800 cajas conteniendo 41 mil documentos correspondientes a la gestión de Hernán Garrido Lecca, tiempo hay para ello.

Publicado en Boletín de Notcias.SER - 15/06/2011

jueves, 2 de junio de 2011

Promesas y derechos en un Estado hemipléjico

Desde perspectivas diferentes, las dos opciones que definirán el próximo fin de semana la segunda vuelta, expresan el reclamo de una mayor presencia del Estado. Keiko, dentro de las coordenadas del modelo neoliberal apuesta al asistencialismo, queriendo paliar las consecuencias que el mismo modelo genera a través de la titulación de propiedades, comedores populares, seguro universal de salud, etc. La promesa de desarrollo con inclusión social de Ollanta también se sostiene, desde una perspectiva de derechos, en una variedad de programas sociales: pensión 65, transformar los wawa wasi en centros de educación temprana, mayores derechos laborales, etc.

Sea quien fuere el ganador de la contienda debemos esperar, a la luz del menú de ofertas que hacen los candidatos, un trabajo de fortalecimiento de las instituciones estatales vinculadas a los temas sociales del país. Sinesio López ha señalado con acierto que el nuestro es un estado hemipléjico, mientras los aparatos económicos como el MEF, SUNAT, SBS, BCR y los ministerios que manejan asuntos económicos tienen un fuerte grado de institucionalización, los aparatos sociales vinculados a los temas de salud, educación, seguridad, justicia y otros, son ineficientes y reciben un presupuesto que les impide mejorar la calidad de los servicios que prestan. Entre estas instituciones figura el RENIEC, que como el resto del aparato social del Estado peruano ha sido descuidado por éste y los gobiernos que le precedieron.

La RENIEC fue creada a mediado de los años 90 con el encargo de crear un sistema nacional e integrado de identificación ciudadana y registro civil, además de confeccionar el padrón electoral para las elecciones. Esa es una tarea que además de inconclusa, se lleva a cabo con notorias deficiencias. La Defensoría del Pueblo, el INEI y organismos no gubernamentales han abordado el tema de la indocumentación en el país afirmando que son cientos de miles las personas que no cuentan con documentos de identidad, las que mayoritariamente viven en las regiones más apartadas del país.

El primer documento de identificación con el que cuentan los peruanos es su partida de nacimiento, el que representa un reconocimiento o declaración de derechos por parte del Estado. En el caso de los niños/as y adolescentes, que no tienen obligación de contar con un documento de identidad hasta la mayoría de edad, la partida de nacimiento es su documento de identificación. A partir de la visibilización del problema de indocumentación que existe en nuestro país algunas ong se han preocupado por el tema promoviendo la documentación de la población.

En una visita reciente al distrito de Lares en la región Cusco pude observar las dimensiones de un problema que, de no actuar con cierta celeridad, tenderá a hacer más difícil la implementación de los programas sociales que el gobierno entrante quiera implementar reproduciendo el ciclo de marginación. Otorgar títulos de propiedad o recibir una retribución a través de pensión 65 es virtualmente imposible si no se cuenta con un documento de identidad.

Los registros civiles en nuestro país están a cargo de las municipalidades, pero funcionalmente dependen del RENIEC quien capacita a los registradores civiles. El problema en distritos como Lares, con mayoría de población quechuablante, es que las partidas de nacimiento contienen faltas ortográficas o sobrescritura que el RENIEC no acepta como válidas para otorgar el DNI. Es decir, la institución encargada de conceder los documentos de identificación rechaza los que el personal funcionalmente a su cargo emite. Para superar el problema de las partidas el RENIEC prevé dos vías de rectificación: una administrativa y otra judicial. Pero la falta de conocimientos legales del personal del registro está haciendo que la mayoría de las rectificaciones vayan por la vía judicial creándole a su vez un problema al juzgado de la región donde se nos informa que el 50% de la carga procesal corresponde a este tipo de trámite.

El distrito de Lares tiene una población que supera ligeramente los siete mil habitantes, el año pasado unas 700 personas comenzaron su trámite de rectificación por la vía judicial. Basta con una simple mirada a los libros de actas de nacimiento para darse cuenta que si el RENIEC no resuelve de manera más eficiente errores nimios, estaría afectando los derechos de la enorme mayoría de la población de uno de los distritos más pobres del país (1).

Resolver judicialmente el problema implica para los habitantes de Lares hacer varios viajes de sus comunidades de origen a la capital del distrito para iniciar el trámite y luego asistir a las audiencias judiciales en Pisac, a varias horas de camino. Hacer el trámite de rectificación de partida es un proceso que lleva meses, se pierden días de trabajo y se gasta dinero en publicaciones, transporte, alojamiento y comida. Esto ha provocado que muchos lo hayan dejado por la mitad, con el resultado de que los pobladores no pueden atenderse en la posta médica del distrito que ahora les exige DNI o no ser beneficiarios del Programa Juntos.

Ojalá que la desidia del actual gobierno de paso a una actitud más comprometida de las próximas autoridades, el abanico de promesas electorales requiere en buena cuenta de hacer más eficiente una institución que sigue sin cumplir los fines para los cuales fue creada. Sin olvidar que se están afectando derechos esenciales de los peruanos como el derecho a la identidad.

Nota:
(1) Según el ranking distrital del IDH elaborado por el PNUD, el Distrito de Lares se encuentra en el puesto 1711 de un total de 1834

Publicado en NoticiasSER.pe - 01/06/2011

Ajedrez electoral

A tres semanas de la segunda vuelta hay un virtual empate entre Humala y Fujimori, que según Ipsos Apoyo se mantiene con ligeras variaciones desde fines de marzo. Como suele ocurrir, cada quien elige la encuestadora que más le simpatiza, hace cortes de tiempo y ve la evolución de las intenciones de voto del candidato de su preferencia. Concluída la primera vuelta Humala tenía ocho puntos de ventaja sobre Fujimori, que en la última encuesta ya lo superaba por uno. Otros prefieren rebobinar la película a enero de este año cuando Fujimori (49%) duplicaba a Humala (23%) en intención de voto para una eventual segunda vuelta. Hay pues, “tendencias” a gusto del consumidor y cada quien elige la que más le place.

Han quienes afirman que la batalla final será en Lima, y si bien esto tiene asidero, no menos cierto es que, ante un desenlace tan apretado, la diferencia puede venir de cualquier región o segmento socioeconómico. La campaña se ha convertido en un partido de ajedrez con el país como tablero, porque si bien existe cierta estabilidad en las intenciones de voto en la sumatoria general, también ocurre que en las regiones el voto triangula, moviéndose entre uno y otro candidato y la opción en blanco. Así parece haber ocurrido en la última semana donde las preferencias por Humala crecieron en el oriente, mientras que Fujimori lo hizo en el norte y en el centro del país cae, no favoreciendo a su oponente sino aumentando la cantidad de votos en blanco, sin alterar el equilibrio global.

En el afán de ganar el voto de centro ambos candidatos han mudado de discurso y se prodigan en juramentos buscando ser la nueva encarnación del mal menor. Hasta la década de los ochenta el Perú tuvo partidos con algo que se asemejaba a proyectos políticos, había mal que bien una idea de país que permitía la adhesión de los grupos sociales que podían sentirse representados. Pero esa representación partía de una oferta ideológica y programática que los partidos presentaban a los ciudadanos. En tiempos de democracia sin partidos, la pelea por los votos obliga a los candidatos a un travestismo sin fin, donde lo que importa es amoldar la oferta a la demanda. Antes que representar a la ciudadanía los partidos se han convertido en traductores de la opinión pública.

El largo peregrinaje de Humala hacia el centro ha terminado por descafeinar su programa de gobierno en aras de suavizar las aristas más controversiales que le restaban votos en los sectores A/B. De esta manera ajusta su oferta a la demanda de cambios apuntando convencer a quienes votan pensando en su bolsillo. La mayor parte de la ciudadanía ha mejorado su situación económica en los últimos años y nadie quiere que la expansión de la economía se acabe.

Pero si el de Humala ha sido un corrimiento al centro por etapas y entendiendo la política como el arte de lo posible, los giros de timón del fujimorismo son radicales anunciando medidas inverosímiles y efectistas. Como la creación de un organismo para vigilar el cumplimiento de los derechos laborales, se respeten las “8 horas de trabajo” y eliminar el abuso de las services, contrariando su plan de gobierno y la política seguida por su papá. El que la noche del 10 de abril era considerado como “el mejor gobierno de la historia del Perú” en cuestión de días pasó a ser calificado como autoritario por la candidata pidiendo perdón por los errores y delitos cometidos. Si días antes de la primera vuelta hablaba de construir un Museo de la Victoria para reivindicar a quienes enfrentaron al terrorismo, ahora vuelve sobre sus pasos para afirmar que se construirá el Museo de la Memoria.

Los ajedrecistas se mueven por el tablero nacional, mientras peones y alfiles cubren los flancos débiles y atacan al oponente buscando traducir los estados de ánimo de un electorado que no tiene confianza en las instituciones ni en los políticos, y que esta campaña electoral solo ahondará esos sentimientos.
Publicado en NoticiasSER.pe - 18/05/2011

jueves, 5 de mayo de 2011

El primero de mayo y la tradición

Al referirse al primero de mayo se ha hecho frecuente escuchar a comunicadores y autoridades hablar indistintamente del día de los trabajadores y del día del trabajo, como si ambas expresiones tuviesen un mismo significado.

En homenaje a los mártires de Chicago el primero el primero de mayo de 1904 los jornaleros del puerto del Callao se declararon en huelga reclamando las ocho horas de trabajo, aumento de salarios y una vida más digna. La huelga se prolongaría varios días y como consecuencia de la represión policial a la protesta resulto muerto el jornalero Florencio Aliaga, quien es considerado el primer mártir de las luchas obreras en el Perú. Hay quienes han interpretado que con el inicio de esta huelga, por su plataforma reivindicativa, los métodos de lucha y lo simbólico de la fecha elegida, como el nacimiento del movimiento obrero en el país.

Al año siguiente, en 1905, los grupos anarquistas de nuestro medio organizan bajo el liderazgo de la federación de panaderos “Estrella del Perú”, la primera celebración del día de los trabajadores, invitando a los obreros de Lima y Callao a participar de las actividades. La jornada comenzó con una romería a la tumba de Aliaga en el Cementerio Baquíjano y continuó en la noche en el local de los panaderos donde Manuel C. Lévano anunció la ruptura con el mutualismo. En sus inicios las actividades de la jornada comprendían el desfile obrero por las calles de Lima, la concentración en la plaza 2 de mayo, la romería a la tumba del mártir obrero y un acto político-cultural en que se alternaban los discursos con la presentación de obras de corte revolucionario. Con el tiempo la tradición se irá modificando, pero sin alterar su significado, como día de lucha y reivindicación de los trabajadores.

La tradición emergió a nivel mundial de manera casi espontánea y con singular rapidez se expandió por América y el viejo continente, en sus inicios las movilizaciones eran una manifestación simultánea por la exigencia de las ocho horas de trabajo. Las circunstancias locales harán que se incorporen otras reivindicaciones, ampliación de derechos, leyes sociales y reclamos de ciudadanía.

A poco de inventada la tradición del primero de mayo en nuestro país, surge otra versión en pugna con la anterior y que desde entonces ha querido quitarle lo que de subversivo tiene la jornada. Esta otra, celebra el día del trabajo asignándole a la fecha un carácter festivo. En mayo de 1912 en las páginas de El Comercio aparecía un artículo titulado La Fiesta del Trabajo, en el se invitaba a ver el primero de mayo como un día de confraternidad para las clases proletarias. El articulista mencionaba que agitadores de mala fe intentaban explotar el sentimiento de los obreros y los sugestionan para encender en ellos el odio contra el capital y agrega, “los trabajadores contemporáneos  tratan de solidarizar sus esfuerzos en todos los países para concurrir a la labor común: el bienestar social y el progreso por medio de la libertad. El 1 de mayo no debe considerarse como una efeméride revolucionaria, como un pretexto de desórdenes y de reyertas sangrientas, sino como la fiesta del trabajo. Es un día de confraternidad para las clases proletarias”. Culminaba invocando a la armonía del capital y el trabajo, como factores de la prosperidad nacional.

Desde entonces, ambas tradiciones perduran, predominando en la escena oficial la que presenta al primero de mayo como un día de festivo y de regocijo para los trabajadores ocultando su alcance reivindicativo. Así lo dejaron en claro Alan García y la Ministra de Trabajo el pasado domingo, que en una ceremonia autocomplaciente por el “día del trabajo” expusieron los logros del gobierno en materia laboral y un recuento de las 130 mil obras del gobierno.

Sin pretensiones de aguafiestas el presidente de ADEX le recordó al gobierno que el 70% de la PEA trabaja en la informalidad. Sindicalistas y abogados laboralistas mencionaron a su vez que la Ley General de Trabajo espera hace diez años ser aprobada en el Congreso, que el Estado ha incrementado el número de contratos temporales, que los contratos de trabajo no respetan la libertad de organización, el derecho a la negociación colectiva y que más de dos terceras partes de los trabajadores gana el salario mínimo, o menos.

Las tradiciones así como se inventan se transforman, asumen nuevos significados o simplemente mueren. En nuestros días la celebración del primero de mayo  tiene un carácter híbrido entre la protesta tenue, casi desapercibida y una fiesta oficial a puertas cerradas en el ministerio.

Publicado en NoticiasSER.pe - 5/5/2011

viernes, 22 de abril de 2011

Salvo el poder, todo es ilusión

El resultado de la primera vuelta abrió un tiempo para el diálogo entre los actores políticos. Analistas y periodistas han hecho apuntes y balances sobre los resultados de la campaña y las manifestaciones de duelo, negación e ira que ganó a ese 45% de votantes que no se ven representados en las candidaturas de Keiko Fujimori y Ollanta Humala.

Sin tomarse un tiempo prudencial para evaluar sus respectivas campañas y los pasos a seguir de cara a la segunda vuelta, los derrotados se reúnen, dialogan y promueven apoyos a uno y otro candidato. La premura por una definición parece obedecer a un intento por mantener alineadas a sus huestes ante el desmadre que se avecina. A nadie se le escapa que ningún candidato tiene capacidad de endosar sus votos, sin embargo, las definiciones o acuerdos que ahora se alcancen despejarán el panorama sobre los futuros apoyos en el Congreso, y esa será una carta que aportará confianza a las candidaturas.

Ollanta y Keiko están obligados a desplazarse hacia el centro y eso se logra a partir de morigerar algunos planteamientos, haciendo deslindes necesarios con un pasado incómodo, firmando compromisos y haciendo actos de fe. La clave es ganar confianza en esa parte del electorado que no se siente representado en la segunda vuelta. La definición de las agrupaciones políticas fuera de carrera se traza sobre los dos ejes de la campaña para la segunda vuelta: ¿Qué reformas hacer al modelo económico que no interrumpan el crecimiento y al mismo tiempo beneficie a los olvidados del sistema? y ¿Qué candidato garantiza el respeto a las instituciones democráticas?

El espacio de la centro-derecha, de donde proviene el cortejo de dolientes que dejó la primera vuelta, comienza a disolverse. En la Alianza para el Gran Cambio varios dirigentes ya anunciaron que no votarían por Keiko contrariando a su ex candidato presidencial. Solidaridad Nacional se quedó con sus principales dirigentes fuera del Congreso, y con una bancada con varios tránsfugas que recalaron en el partido cuando Castañeda era un candidato promisorio. El equipo económico de Perú Posible junto con reconocidos profesionales que apoyaron la candidatura de Toledo, levantó campamento y buscan acuerdos con el equipo de Ollanta.

En este juego de definiciones la opción que tome Alejandro Toledo parece central de cara a la segunda vuelta y el próximo gobierno. Ello porque Toledo puede albergar aspiraciones presidenciales en el 2016 si se decide a reconstruir su partido y asume el papel protagónico que la coyuntura le exige. Segundo, a diferencia de PPK, que está al frente de una coalición que sólo podría mantener unida si ganaba la elección y Castañada sin peso propio y con una bancada reducida cuyos votos no son determinantes; Perú Posible tiene votos que serían cruciales en un eventual gobierno de Humala.

Al comenzar la campaña Toledo se colocó al centro del espectro político, pero cuando su intención de voto empezó a caer por un tobogán se sumo al coro que agitaba fantasmas y pedía al electorado no dar un “salto al vacío”, comprometiéndose a defender la democracia ante los peligros que vaticinaba. Pues bien, ahora que Gana Perú quiere llegar a un acuerdo debería aceptar el convite. Si no lo hace, aventura al país a un gobierno sin mayorías en el Congreso, da pie a la tentación autoritaria y traiciona la voluntad de los electores que mayoritariamente se manifestaron por el cambio.

Las ambivalencias de Toledo, que el fin de semana último parecía próximo a un acuerdo con Gana Perú y el lunes afirma “Ni con Keiko ni con Ollanta”, descolocó a buena parte de sus cuadros técnicos y produce un cisma en su partido. La disposición al diálogo de Gana Perú es manifiesta y hay temas en los que no sería difícil establecer un acuerdo mínimo, como el caso de aumentar la tributación minera y emplear esos recursos en programas sociales.

Con los resultados a la vista el primer mandato de las urnas es dialogar y buscar acuerdos.
Toledo tiene la opción de convertirse él y su partido en el fiel de la balanza y por tanto garante del sistema económico e institucional que dice defender, pero por el momento elige ponerse de costado. El fujimorismo estará más que agradecido por el gesto.



Publicado en NoticiasSER.pe - 19 /04 / 2010

jueves, 7 de abril de 2011

La conjura de los necios

El miedo es un ingrediente consustancial a la política peruana en tiempo de elecciones. Lo podemos advertir en la volatilidad del electorado, en las reacciones que provoca el ascenso de un candidato o en la reacción nerviosa de los. Reales o ficticios, los fantasmas se agitan cuando percibimos que nuestras seguridades están en riesgo. Pero los miedos no siempre son compartidos, o mejor dicho, no todos tenemos los mismos miedos.

Hay una relación entre la conciencia del peligro que puede sentir un individuo, grupo o sociedad y los niveles de conocimiento y dominio que ellos tengan sobre la realidad misma. Atribuir la caída de la bolsa a la subida de un candidato en las encuestas, por ejemplo, es un recurso que presupone que entendemos, y aceptamos, que la tranquilidad de los que juegan a la timba en la bolsa de valores es importante para nuestro bienestar o seguridad. Pero en el Perú de nuestros días parece poco probable que el 77% de la PEA que está en el sector servicios y comercio ganando el salario mínimo, o el 70% de los peruanos que piden que el modelo económico cambie, se sienta afectado por esos miedos.

Infundir temor en el electorado es una forma de ningunearlo, porque con el miedo lo que se pretende es evitar discusiones, no confrontar ideas.  Se les pide a los votantes resignación y paciencia, que renuncie a sus propias capacidades y condición de ciudadanos, que acepte en definitiva la inevitabilidad de las cosas porque, como dijo Luis XV (otro señor con un ego colosal), “después de mi, el diluvio”.

El miedo ha sido y es el recurso de todos los autoritarismos de diestra y siniestra. Durante la República Aristocrática los partidos oligárquicos en el poder aceptaron las reglas del juego electoral, pero antes que una competencia real aquello era una alternancia pactada. La conquista del poder tenía como resultado la exclusión del bando contrario y si bien formalmente había elecciones, el triunfo correspondía al veredicto de las urnas y este se alcanzaba con bandas armadas que capturaban las mesas de votación. Durante ese período se realizaron las elecciones más violentas de la historia nacional. El temor de la oligarquía a las clases populares se tradujo en exclusión y control. Por un lado negando derechos ciudadanos, por otro tolerando la participación política de las sociedades mutuales, que articulaban los intereses de las élites con los subalternos formando la base social de los partidos oligárquicos y permitiendo que accedan representantes “obreros”  a los que se incorporaba en las listas de diputados y a la concejalías municipales.

Cuando en la década de los 20 y 30 las clases populares alcanzaron un grado de organización e independencia a través del desarrollo del movimiento obrero y la creación de los partidos de masas, el miedo crece. La reacción siguió siendo la exclusión y se tradujo en la ilegalidad del APRA y el PC. El miedo de la oligarquía al APRA se explicaba en su enorme poder de convocatoria y en ser la abanderada de la reforma social. Para conjurar sus miedos la oligarquía en alianza con los militares vetaron su ingreso a la política, recurriendo las veces que fueron necesarias al golpe de estado para evitar su acceso al poder. Ni la moderación de su discurso auroral ni la “convivencia” fueron razón suficiente para levantar el veto.

El fin del período oligárquico trajo la ampliación de los derechos políticos, sin embargo, los gobiernos populistas que le sucedieron fueron portavoces de un discurso que si en el enunciado era inclusivo en la realidad tampoco invitaba al diálogo y la discusión. Al final del primer gobierno de García nuevamente el miedo gana la elección. Un hasta entonces desconocido Fujimori prometía “honradez, tecnología y trabajo” y vestido de mal menor sirvió como conjura del miedo al cambio, representado en la candidatura de Vargas Llosa.

El triunfo de Fujimori acabó con dos décadas de populismo militar y civil que habían postrado al país y dimos el viraje al neoliberalismo rampante y simplón de nuestros días. El gobierno de Fujimori se convirtió en la representación más acabada del discurso y la tradición autoritaria. Preparó el terreno para esta democracia sin partidos y nos impuso la dictadura del tecnócrata que no rinde cuentas y mucho menos pretende educar al ciudadano. Con su saber específico y pretendidamente desideologizado, el tecnócrata da recetas y no admite ser interpelado. El autoritarismo no se caracteriza ahora por la exclusión sino por negarse a la discusión.

A pocos días de la elección se vuelven a agitar fantasmas y lamentablemente, los promotores del cambio también evitan las explicaciones sobre el que hacer, generando incertidumbre y contribuyendo a que el miedo decida otra elección. El debate público de cara a los próximos cinco años se vuelve un torneo de epítetos y acusaciones, donde las alternativas terminan siendo blanco o negro, avanzar o retroceder. Sólo nos queda tener fe.

Publicado en NoticiasSER.pe – 07/04/2011