miércoles, 9 de marzo de 2011

Escenario probable


A un mes de las elecciones nacionales todas las encuestas presentadas en la última semana coinciden en señalar que Toledo ha detenido su crecimiento y existe una brecha de diez puntos porcentuales que lo separa de Fujimori y Castañeda, también detenidos y en lento declive.  En cuarto puesto Humala crece y se acerca, amenazando a quienes disputan el segundo puesto para la siguiente ronda.

Los resultados deben preocupar al inquilino de Palacio, que pretende abandonar el gobierno dejando un escenario favorable para su retorno en el 2016. Las preferencias de García, Castañeda y Keiko Fujimori como plan B, que meses atrás hacían el uno-dos en las encuestas, se muestran hoy en extremo vulnerables. Castañeda no logra articular un mensaje que supere la idea ya instalada del hacedor de obras. Asfaltar la sierra no genera mucho entusiasmo. El ánimo picapleitos de sus candidatos al Congreso, y el san benito de candidato oficialista tampoco ayudan y lo obligan a dar un giro rápido aún a riesgo de seguir perdiendo credibilidad. El fujimorismo sigue estancado en el 20%, con su congresal vapuleada, primero por las bajas con escándalo incluido, y luego por las denuncias de vínculos con el narcotráfico que salpican a la misma Keiko. Su táctica es no hacer olas, con perfil de buena alumna, y trayectoria congresal sin hitos ni escándalos, logra retener un núcleo duro de votantes pero sin crecer. No pasar a segunda ronda no es necesariamente un mal resultado, de mantener su intención de voto estarían aumentando sensiblemente su representación congresal y el fujimorismo ha sabido usar muy bien esto como moneda de canje. De todas formas, ambos candidatos tendrán que confrontar para definir el pase a segunda vuelta.

Según la encuesta de Ipsos Apoyo, los candidatos alanistas vienen cayendo en las encuestas en los últimos cinco meses. En octubre pasado ambas candidaturas sumaban el 47% de intención de voto, a finales de febrero alcanzan el 38%. Los candidatos desafiantes a García, Toledo y Humala, suben en el mismo período del 27 al 42%. La tendencia ha sido continua en los últimos cinco meses y la caída de unos, como la remontada de otros corre paralelamente a la caída de la aprobación presidencial. Ese trasvase de votos benefició primero a Toledo y últimamente a Humala.

¿Tendrá Humala tiempo y espacio para crecer? Los votos del sur y el oriente parecen ser la clave. Los votos del sur le dieron la presidencia a Toledo en el 2001, dejaron a Humala cerca de ganar la segunda vuelta del 2006, y ahora son los dos candidatos con mayor intención de voto en la región. El Ollanta recargado de la elección anterior ya fue, aquél con un discurso más radical provocaba entusiasmos que el actual no genera. Costos inevitables de su moderación. Aún así, torpezas ajenas antes que virtudes propias, le permiten moverse a sus anchas por la banda izquierda del escenario ganando los votos del descontento de la mayoría de peruanos que siguen reclamando cambios, aunque moderados.

Para dar el batacazo Humala tendrá que crecer a costa de Toledo, buscando ganar terreno en el sur y el oriente, recuperando los votos de la elección anterior. Usualmente se cree que hay vasos comunicantes entre su electorado y el fujimorista, porque ambos candidatos son fuertes en los sectores socioeconómicos C, D y E. Sin embargo, geográficamente hay diferencias, Keiko se hace fuerte en el norte y el oriente, y es débil en el sur, cosecha más votos entre las mujeres mientras que Humala lo hace entre los hombres mayores de 40. El avance de Humala podría ocurrir si logra reconquistar a sus votantes de la elección anterior disputándole a Toledo el sur y a Fujimori el oriente.

Dada la intención de votos a un mes de la elección, el escenario político se muestra dividido en dos bloques formados por los candidatos alanistas y los candidatos desafiantes a García. Estos bloques han venido actuando en el actual gobierno, y se proyectan como socios naturales para la segunda vuelta y, dependiendo quien asuma en julio próximo, los derrotados serán la oposición del futuro gobierno.

La figura podría cambiar, pero el tiempo para las sorpresas se agota. Solidarios y fujimoristas deberán confrontar por un cupo en la segunda vuelta al igual que humalistas y toledistas, por lo que la disputa tendería a neutralizar las posiciones. Con la ventaja para los desafiantes a García de que la tendencia a la caída de la aprobación presidencial le suma votos a diario y que él sigue creyendo en poder evitar que sea presidente el que él no quiere.

Publicado en NoticiasSER.pe - 09/03/2011 

jueves, 24 de febrero de 2011

Apuntes para una historia del transfuguismo



Días atrás el candidato Alejandro Toledo anunció que presentará un proyecto de ley contra el fransfuguismo, al mismo tiempo reclamaba a los postulantes de su partido al Congreso “unidad, disciplina y lealtad”. El motivo de su preocupación es obvio, durante su mandato la lista congresal de Perú Posible se redujo prácticamente a la mitad, y el parlamento fue un escollo durante todo su gobierno. La desestructuración de las bancadas, incluso antes de que los congresistas lleguen a ocupar sus escaños, es un tema que a inicios de este gobierno también mereció tratamiento parlamentario sin que se aprobara ninguna ley al respecto.

El tránsfuga es visto como un traidor que abandona compañeros e ideales por motivos inconfesables. Pero existen muchas razones por las que los políticos deciden abandonar una causa para sumarse a otra y ello no es intrínsecamente malo, o en todo caso, también puede representar un resurgimiento político. La conformación de las bancadas parlamentarias de los dos últimos Congresos a sufrido modificaciones notorias, pero el problema se arrastra desde la década de los noventa.

En El nacimiento de los otorongos, Degregori y Meléndez repasan la historia del parlamento peruano durante el gobierno fujimorista buscando una explicación para el desempeño del actual. Para los autores el régimen político que nació luego del golpe de estado del 92 y el liderazgo carismático autoritario de Fujimori, explicarían las débiles lealtades y el pragmatismo de los padres de la patria. En un trabajo más reciente publicado en Iniciación de la política, Jorge Valladares busca una explicación a la atomización de las bancadas analizando la manera en que el comportamiento de los grupos políticos moldea su identidad, estudiando para ello la producción legislativa y la votación de los grupos parlamentarios.

Los dos trabajos mencionados estudian el comportamiento político de nuestros congresistas analizando las últimas legislaturas. Tácitamente dejan la sensación de que existió un pasado mejor, donde en política existía la lealtad y disciplina que hoy reclama Toledo. La historia política del Perú, sin embargo, no es un dechado de lealtades y mucho menos disciplina. Como es sabido nuestros partidos históricamente se han formado en torno a candidaturas; el reclamo de lealtad que hace el hoy puntero en las encuestas es hacia su persona, no está hablando de un supuesto compromiso programático por no hablar ya de ideologías.

En el prólogo al libro Partidos políticos en el Perú de Álvaro Rojas Samanez, el periodista Manuel D´Ornellas decía que la movilidad intrapartidaria era un fenómeno típicamente nacional. Hacía alusión a los caudillos locales o regionales que siendo electos por un partido en la Constituyente del año 78, habían sido electos congresistas por otro partido en 1980. D´Ornellas decía algo que hoy nadie cuestiona, para el peruano medio, los partidos son más difíciles de individualizar que los hombres que los encabezan. ¿Siempre ha sido así? Me temo que sí. La historia de los partidos en nuestro país se confunde con la historia de los caudillos.

Durante la República Aristocrática aparecieron las primeras expresiones orgánico-partidarias, en aquel entonces el Partido Civil era el predominante y gobernó siempre en coalición. Los momentos de crisis política son naturalmente más proclives para las migraciones partidarias y el transfuguismo. Así ocurrió al final del gobierno de Leguía (1908-1912) cuando la sucesión presidencial derivó en la división del civilismo y los demás partidos.

La crisis política de entonces permitió la aparición del primer outsider de la política peruana: Guillermo E. Billinghurst. Quién en su discurso de asunción ante el Congreso afirmó que “era ajeno a los antiguos y desgastados métodos de la política… y completamente extraño a las sugestiones partidistas y a las influencias de círculo, por seductoras que ellas sean”. Cualquier semejanza con las expresiones de nuestros candidatos de hoy, no es casualidad.

El Comité Central Ejecutivo de la candidatura de Billinghurst estuvo integrado por hombres que provenían de distintos partidos. Entre ellos figuraba Manuel Quimper, seguidor de González Prada y fundador de la Unión Nacional a fines del XIX. Años más tarde fue electo concejal de Lima por el Partido Demócrata, se sumó al billinghurismo y a la caída del gobierno  migró al Partido Liberal siendo elegido diputado suplente. Los demás integrantes del comité tienen historias similares, e incluyó a personajes como Francisco A. Loayza, director de varias publicaciones y primer redactor de La Protesta, el periódico  más influyente del anarcosindicalismo. Otro dirigente destacado fue Alberto Secada, congresista durante el gobierno de Billinghurst, había iniciado su trayectoria política en el Partido Radical, tuvo un pasaje por el demócrata, en coalición con el civilismo independiente es nombrado concejal y luego Alcalde del Callao, al final de su vida apoyó el segundo gobierno de Leguía.

El transfuguismo no es un problema nuevo, que existe desde el nacimiento de nuestros primeros partidos. Una diferencia entre aquel y este transfuguismo, es que aquel respondía a crisis políticas, el de hoy en cambio parece obedecer al ciclo electoral. La preocupación de Toledo es entendible, pero no debería olvidar que la elección de sus candidatos fue una decisión suya y de su entorno. Como sugiere Valladeres, deberíamos preguntarle si sus candidatos tienen posturas colectivas en política económica o social. De no ser así, ¿para qué quiere mantenerlos unidos?


Publicado NoticiasSER.pe - 23/02/2011

Circulo vicioso

Anodina, sosa, deprimente, lamentable, son algunos de los calificativos que se escuchan sobre la actual campaña electoral. Los temas que momentáneamente ocupan la agenda pública surgen del desliz de algún candidato, y son la ocasión para el cruce de calificativos como “coquero”, “loca” o “asesino”, sin argumentos sobre liberalizar el consumo de drogas, la unión de parejas gay o la despenalización del aborto. En los comandos de campaña parecen tener más peso los especialistas en marketing que los políticos que articulen un discurso coherente y capaz de entusiasmar a un electorado apático.

Ahora que ya conocemos las planchas presidenciales y se han conformado las listas de los candidatos a “padres de la patria”, existe la sensación generalizada de que el próximo Congreso será peor que el actual, como este lo es respecto del que lo antecedió. Los filtros rigurosos para la elección no fueron tales, y hasta último momento se produjeron bajas y cambios en el orden de la lista con mayor o menor roche. Las figuras mediáticas acaparan los titulares y los políticos o militantes son desplazados sin mayores miramientos. 

Según la última encuesta de IMASEN, cinco fuerzas políticas pasarían la valla electoral y lograrían escaños, probablemente la sexta sea el APRA. Sin embargo, nada hace pensar que quienes obtengan representación parlamentaria mantengan las alianzas, por lo que no es descabellado pensar que las bancadas se dividan antes de instalarse o al poco tiempo de haber asumido sus escaños, como ya ocurrió con los Congresos electos en el 2001 y 2006. Ese parece el precio a pagar por tener partidos electorales (o “vientres de alquiler”), que una vez cumplido el ciclo electoral simplemente se diluyen.

Esto tendrá al menos dos consecuencias previsibles. Una es la baja calidad del trabajo congresal, leyes “populacheras”, mal cumplimiento de la labor de fiscalización, bajos índices de respaldo a la institución y, algo que ya es costumbre, la concesión de facultades legislativas al Ejecutivo acentuando los rasgos personalistas del régimen político. Por otro lado, congresistas que ocupan una curul como invitados del candidato a presidente de una alianza, o por haber ganado una “licitación”, no se sienten integrantes de ningún colectivo, sino dueños de un escaño ganado por sus méritos y gracias al voto preferencial.

El resultado son partidos que se reducen al líder y su entorno, con una fuerte concentración de poder personal reproduciendo una larga tradición política de nuestro país. No hay mayores diferencias entre las alianzas o partidos políticos que promueven a los actuales candidatos que los que impulsaron en su tiempo a: Cáceres, Piérola, Durand, Sánchez Cerro, Bustamente y Rivero, Prado, Odría, Cornejo Chávez, Belaúnde, Bedoya, Barrantes, y la lista es mucho más larga, la última incorporación a ella bien podría ser Susana Villarán. A la muerte o retiro de la política de los líderes sus agrupaciones políticas desaparecieron o languidecen, a excepción de los que encuentran otra figura carismática que tome la posta como en el caso del PPC y el APRA. Pero que sin ellos como candidatos, corren el riesgo de reducirse a su mínima expresión.

Esto explica porque Toledo termina su mandato presidencial con más del 30% de aprobación y su partido en el 2006 pasa la valla por un puñado de votos. Logró mantener su presencia en la escena retornando esporádicamente al país, mientras que su partido abandona el letargo para iniciar una nueva campaña. Las intenciones de García parecen ir en el mismo sentido, el APRA pasará o no la valla, pero los votos del partido no guardarán relación con la aprobación a la gestión de su líder, que también querrá volver.

Hay un círculo vicioso que nos lleva de líderes personalistas, con partidos que se reducen a él y su entorno, que llenan planchas presidenciales y listas congresales con figuras mediáticas invitadas, independientes que llegan a “renovar la política” (o conocer cómo funciona eso que quieren renovar), que se sienten dueños de su escaño y están prontos a levantar vuelo y “fugarse” con otro candidato que le permita mantenerse.

En algún momento el discurso de la renovación política, entendido como simple recambio de personas, mostrará sus límites y comenzaremos a hablar de la necesidad de profesionalizar la política (1). De alguna manera sus límites están a la vista cuando contrastamos los índices macroeconómicos con la profunda crisis política, o vemos el desinterés de los candidatos por los 250 conflictos sociales monitoreados por la Defensoría del Pueblo a la espera de que alguien haga algo más que estudiarlos e interpretarlos, o cuando observamos los candidatos con mechones de pelo en la mano rumbo a alguna clínica para hacerse un examen toxicológico.

Quizás no estemos tan lejos de un cambio. El APRA y el PPC, reducidos a su mínima expresión, dentro o fuera del Congreso, bien podrían, renovación mediante, ser los portadores de un discurso que revalore la actividad política y busque su profesionalización.

Nota

(1)   Entendida esta como personal formado y capacitado en los temas sociales, jurídicos e incluso técnicos necesarios para desempeñarse en la actividad política.

Publicado NoticiasSER.pe - 09/02/2011

martes, 25 de enero de 2011

Elecciones internas

En la última edición de la Revista Elecciones[1] se publicó un interesante artículo de Flavia Freidenberg sobre el comportamiento de los partidos políticos y sus consecuencias sobre la gobernabilidad democrática en América Latina. La autora señala que en la década de los 90 un número importante de partidos políticos latinoamericanos hicieron reformas estatutarias y cambios organizativos con la intención de volver a conectarlos con la ciudadanía. Las reformas fueron fundamentalmente de dos tipos: se variaron los términos de representación de subgrupos (cuotas) y se modificaron las formas de seleccionar los cargos de representación popular (candidaturas presidenciales, municipales, congresales).

En el Perú se aprobó a comienzos de la década que recién termina una Ley de Partidos que buscaba la consolidación de los partidos políticos. Con esas reglas de juego se han realizado tres elecciones regionales y municipales y dos presidenciales contando la del próximo abril. Sin embargo, la ley no ha logrado su objetivo, más bien ha contribuido a la atomización de la oferta electoral y a debilitar a los partidos nacionales como dio cuenta la reciente elección regional y municipal. Los resultados mostraron que no hay partidos con verdadero alcance nacional, y una muestra de su debilidad es la extendida práctica de buscar candidatos en personas que no provienen de los aparatos partidarios (Araoz, PPK, Rodríguez Cuadros).

Los resultados de la elección regional y municipal, con la novedad del triunfo de varios movimientos regionales y la mala performance de los partidos nacionales, ha hecho pensar a algunos analistas en el fin de los partidos en el Perú. Dos encuestas recientes[2], sin embargo, invitan a pensar con más optimismo. Según el Latinobarómetro 2010, la mayoría de peruanos creen que no puede haber democracia sin partidos políticos (57%), un par de puntos por debajo de la media latinoamericana.

LAPOP 2010, señala que esa opinión la comparten el 61%, y afirma algo más, que en el último quinquenio esa cifra ha subido 10 puntos porcentuales. Sin embargo, en el mismo lapso el número de peruanos que señala tener simpatías por algún partido se redujo casi un tercio, cayendo a 21,2%. Lo paradójico de los resultados es que al mismo tiempo que crece el número de peruanos que cree en la necesidad de los partidos para que exista democracia, cae en similar cantidad la identificación de los peruanos con algún partido[3]. Tal parece que los peruanos consideramos a los partidos como un mal necesario.

Si bien es cierto que en el contexto latinoamericano el Perú ha obtenido, tradicionalmente, bajas calificaciones respecto de lo que podemos llamar apego al sistema democrático, también es cierto que esos indicadores han mejorado en los últimos años. El problema no parece ser el tipo de régimen más conveniente, sino las instituciones que lo hacen viable. Los peruanos somos en Latinoamérica quienes tenemos los mayores índices de desaprobación del Congreso, el Poder Judicial y como no, de los partidos políticos.

El desfase entre el creciente reconocimiento de la necesidad de los partidos y la disminución de la identificación con ellos, debería conducir a realizar modificaciones a la ley de partidos. Procurando incentivos claros para que los partidos transformen sus mecanismos internos y puedan cumplir con su función de representación. Las democracias representativas requieren partidos sólidos que puedan procesar con eficacia las demandas sociales; porque los partidos representan, movilizan, reclutan y seleccionan las élites políticas, presentan opciones al votante, articulan intereses, diseñan las políticas públicas del gobierno y en general, hacen operativas las instituciones del sistema democrático.

Una reforma que contribuiría a conectar  los partidos nacionales con la ciudadanía es la celebración de elecciones internas abiertas y simultáneas, del que surjan  los candidatos a elección popular de los partidos nacionales. De haber ocurrido en esta campaña, la elección de algunas candidaturas se hubieran procesado de forma más ordenada y hubiera evitado en alguna medida el mercado de alianzas, planchas y candidaturas congresales en marcha que tanto desprestigio les acarrea.

Los partidos políticos no van a desaparecer, a pesar de que su vaciamiento parece convertirlos a todos en “vientres de alquiler”. En contraposición a lo que ocurre con los partidos nacionales, en las regiones surgen movimientos que por desconocimiento muchas veces tildamos de personalistas o aventureros, sin embargo, en seis regiones se han reelegido presidentes regionales y, como se afirma en la última edición de la Revista Poder se está generando una suerte de “proto-clase política regional”. Urge la necesidad de articular la política regional y la nacional, a riesgo de que avancen las fuerzas centrífugas del sistema político y para ello las reformas parecen inevitables. La celebración de elecciones internas abiertas puede contribuir a la necesaria renovación de los partidos.


[1] ONPE. Revista Elecciones Nº 10.
[2] Latinobarómetro y LAPOP 2010.
[3] En particular cae la identificación con el APRA, mientras en el 2008 casi la mitad de los encuestados decía simpatizar con este partido en el 2010 ese porcentaje se redujo al 24%. LAPOP 2010.

jueves, 16 de diciembre de 2010

La lección del fujimorismo

Como en el juego de la silla, la música dejó de sonar el sábado 11 (último día para inscribir las alianzas electorales) y todos formaron parejas, tercetos y hasta cuartetos, otros en cambio, patitos feos de la política peruana, se quedaron sin compañía y presumiblemente pierdan su inscripción luego de la próxima contienda electoral.  Queda en el aire la pregunta ¿qué criterio rige esta fiebre de alianzas?

Fuerza 2011: con Keiko Fujimori había rechazado la posibilidad de formar alianzas, sin embargo a último momento sumó a Rafael Rey que postulará a la primera vicepresidencia por el fujimorismo, asegurando también la sobrevivencia de su partido. La plancha presidencial, que se completa con Jaime Yoshiyama, no pretende mostrar aristas más suaves ni un lavado de cara, el fujimorismo se reafirma en su pensamiento autoritarismo y reaccionario. Pero convencer a los convencidos no facilita ganar elecciones, aún así tiene un voto duro que ronda en el 20% de las encuestas lo cual le asegura mejorar sensiblemente su representación en el futuro Congreso que se vislumbra atomizado.

Alianza Solidaridad Nacional: tras Luis Castañeda se alinean su partido Solidaridad Nacional junto con Unión por el Perú, Cambio 90, Siempre Unidos y Todos por el Perú. Algunos de los nombrados parecen restar más que sumar, pero también Castañeda gana con su alianza, acrecentando fuerzas en el Congreso. Ahora a la bancada “Comunicore” se ha de sumar la de UPP, que en el actual Congreso preside la comisión de fiscalización, por lo que va a dar una mano en la retaguardia. Integra al congresista Reggiardo proveniente del fujimorismo y Alex González que con su partido logró conquistar cuatro alcaldías distritales en el norte de Lima. Este último coqueteaba con el APRA pero al cortarse la música estaba junto a Castañeda.

Alianza Para el Gran Cambio: el “sancochado” incluye emprendedores, humanistas, sazonados con pensamiento cristiano y evangélico, el PPC pone a sus reliquias y a sus técnicos, y desde el sur vuelve San Román. Todos a bordo de la nave PPK que se pasea sonriente por la ciudad con camisas rosadas. A pesar de que no supera el 3,5% en las encuestas, él luce feliz. 

APRA: la candidata oficialista no ha logrado sumar partidos nacionales a su postulación, pero si hará alianzas con movimientos regionales. Lo cual no significa gran cosa, pues todos están en lo mismo y aprovechando que los hay de todos colores: rojos, verdes, azules y amarillos. Mercedes Araoz, busca un sitio codeándose con PPK (ambos tendrían el mismo perfil de cuadros técnicos y cuesta imaginar que diferencias programáticas podrían tener) y buscando pelea con Toledo. Pero a pesar de su empeño (ha caminado asentamientos, servido leche en comedor popular, discurseado frente a la tumba de Haya, etc.) es distraída por los periodistas con asuntos poco agradables como la mano larga de Barrios.

Alianza Perú Posible: Toledo va en alianza con Somos Perú y Acción Popular. En el conjunto de alianzas que se ofrecen en el menú es la que asoma como más natural. Un ramillete de agrupaciones de centro, que no cuestionan el modelo económico y reclaman mayor asistencia para los que el sistema está dejando afuera del festín. Vaya uno a saber qué significa eso de “gobernar con la derecha y repartir con la izquierda”, pero la pretensión es que los votantes lo veamos como el centro. Después de todo, dos ex ministros de su gobierno también postulan, uno por su derecha y el otro por su izquierda.

Fuerza Social: luego del triunfo en Lima no le faltaron pretendientes para el baile, pero prefirió ir sola rechazando los invites de Toledo. Parecía una decisión arriesgada, pero comprensible si creemos en el deseo declarado de afirmar a este partido como una izquierda democrática y liberal. Mantener buenas migas con Toledo no iba a ser difícil, por lo que rechazar la alianza no tenía porque malograr la buena relación que pueden tener Villarán y Toledo si este gana la presidencia. Pero chotear a los pretendientes que venían a diestra y siniestra, más que una decisión meditada parece ser el resultado de una suma de errores. Derrotados quienes querían aliarse con Toledo impulsan a Rodríguez Cuadros, “Nano” Guerra sale por la puerta falsa y bajo el brazo del ex canciller viene la nueva alianza, con el MNI (o Patria Roja) que días atrás estudiaba las condiciones de un acuerdo con Humala. Tierra y Libertad y la Democracia Cristiana (¿?) se suman al frente que ¿renovará la izquierda? Antes de que la música dejara de sonar dieron de baja a los fonavistas, por cuestiones de principios. Esto debemos verlo como una demostración de buenos reflejos, ¿o simplemente como una muestra de improvisación?

Partido Nacionalista: el aire de “ya lo dije yo antes” que muestra Ollanta no se condice con sus magros resultados en las encuestas. Hay varios que quieren cruzar guantes con él pero tiene la rara habilidad de pasar, por momentos, más desapercibido que Castañeda. Mantiene un halo “ultra” a pesar de sus esfuerzos, no porque se haya radicalizado en sus planteos, sino porque todos los competidores se han ido un poco más a la derecha.

Unas asoman como reafirmación de una línea (Fuerza 2011), otras como una confluencia natural ante principios programáticos e ideológicos afines (Alianza Perú Posible), mientras que el resto parecen constituidos por intereses menos prosaicos (Alianza Solidaridad Nacional, Alianza por el Gran Cambio, Alianza Fuerza Social).

El resultado de un mes de conciliábulos ha dejado un panorama paradójico. Quienes más han hecho por desprestigiar a los partidos y la política, el fujimorismo, es el único que se presenta con el perfil ideológico más definido y ello sin armar rompecabezas sumando un emprendedor por aquí, alguien que represente al norte por allá o a la sierra por acá. Una lección que bien podrían aprovechar las fuerzas de izquierda. Porque de lo que se trata es de definir un perfil ideológico que la identifique como fuerza alternativa de cambio y una propuesta con una visión de país a largo plazo, no armar combos para asaltar el cuartel de invierno y confiar en la diosa fortuna.

No basta con proclamarse afines al PT de Lula, al Frente Amplio de Mujica o admirar a Bachelet; por caminos distintos esas izquierdas son (o fueron) gobierno tras una paciente construcción de fuerzas políticas y sociales, y una historia de unidad que se mide en décadas. Haberse sacado la tinka municipal no debería hacer perder el rumbo, marcar un perfil propio y pensar en el futuro.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Los nuevos capituleros

Una mirada al panorama político de cara a las elecciones de abril próximo, me trajo el recuerdo de un personaje olvidado de inicios del siglo XX: el capitulero. Ellos fueron el centro de una red de relaciones interpersonales en la vida política, que servía como nexo entre las clases dominantes y el pueblo en tiempo de elecciones. Su función era convencer y sumar clientes al candidato, pero también atacar a las huestes adversarias y, el día de las elecciones, triangular con su bien provista billetera entre las chicherías y pulperías, las mesas de votación y el club partidario. Era una suerte de enganchador político que procuraba a los candidatos, tanto sea al Congreso como al Ejecutivo, los votos en base a la prebenda y el soborno. Si bien los había fieles a un candidato, muchos podían estar un día con los civilistas y otro con los demócratas, ser un día un entusiasta liberal y al siguiente un constitucionalista convencido, lo mismo daba. En buena cuenta no tenían más bandera que su propio olfato.

Clemente Palma satirizó a este personaje en sus “Crónicas taurinas” publicadas en la revista Variedades. En ella contó las veleidades de un capitulero de apellido Corrales que funda el Club “Unión y Reque” para apoyar la candidatura de Aspillaga, pero al ver que el viento sopla con distinto rumbo cambia de bando y se pone junto a sus huestes al servicio de Billinghurst. Estos personajes fueron requeridos por todos los partidos, caudillos como Cáceres, Piérola, Candamo, Prado, Leguía, Billinghurst, siendo abanderados de su partido recurrieron al apoyo de capituleros, lo cual les permitió entrar a los espacios menos exclusivos, y movilizar partidarios para copar las mesas electorales y eventualmente servir de claque. Como dijera González Prada era el tiempo de la política del aguardiente y la butifarra. Claro que un siglo después toda coincidencia con la realidad es pura casualidad.

El capitulero es un personaje de antaño, de los tiempos en que la política era un asunto de la élite, donde el voto se compraba y este era un derecho que ejercía menos del 3% de la población. Sin embargo, viendo la escena política hoy y las alianzas que se crean y desarman y vuelven a formarse me parece descubrirlos nuevamente, ya no formando clubes políticos para apoyar candidaturas, sino siendo ellos jefes de su propio partido, buscando alianzas que les permita sobrepasar la valla electoral o convertidos en “vientres de alquiler” de algún candidato más potable que ellos mismos.

Eso me parece ver al intentar explicarme la novísima “Alianza por el gran cambio” que postula a PPK a la presidencia. El ex premier y ministro de economía del gobierno de Toledo no es hombre de partido pero aspiraciones presidenciales le sobran. Pero su alianza con Renovación Nacional del pastor Lay, capitulero de poca monta, no es suficiente y capituleros abundan en tiempo electoral. Con el correr de los días algunas alianzas se fueron decantando, unos serían choteados (PPC, APP) por aspirantes más serios, mientras que otros se suman para no llegar solos al baile (el PH de Símon). Luego de tanto coqueteo a diestra y siniestra se encuentran al fin el hambre y las ganas de comer.

Todos convergen en “el gran combo de PPK”, que dado los antecedentes del candidato y su alianza de capituleros con vientres de alquiler lo sitúa como es el nuevo pasajero de la ya sobrepoblada combi de la derecha. Otro pasajero que, obviamente, se reclama de centro, o acaso alguien vio en tiempo de elecciones algún candidato que se diga de derechas. Para vendernos la alianza, Lourdes Flores explica que esta representa una propuesta seria que amalgama el rostro emprendedor de Acuña y su Alianza para el Progreso, con el mensaje social de Símon y su Partido Humanista, a la que se suman la pincelada evangélica que aporta el Pastor Lay que complementa el barniz cristiano del PPC. Antes  que por el gran cambio, (cuesta imaginarse a que se refiere el nombre de la novel alianza), la confluencia es por la gran necesidad de sortear la valla del 5% y no desaparecer.

Acuña, Símon y el Pastor Lay son los capituleros de nuestro tiempo. Acuña es el ejemplo más claro. Hizo una buena elección municipal y espero una llamada de Toledo o Castañeda, como sus exigencias de ocupar la mitad de la lista congresal no fue aceptada se sumó a la alianza de la que el fin de semana último parecía expulsado por un nuevo acercamiento al ex alcalde de Lima, finalmente, quizás cansado de tantas idas y venidas, decidió apoyar a PPK e integrarse al tiempo que lo hacía el PPC. Todo en cuestión de días, por no decir horas. Con su letanía habitual Sïmon nos recuerda, por si alguien pensó algo diferente, que esta es una alianza programática. Eso se da por descontado, la demora en lanzar la alianza se debió precisamente a programar el reparto de candidaturas.

Mientras estas idas y venidas ocurren entre partidos “nacionales”, a lo largo y ancho del país se producen y reproducen alianzas y acuerdos de último minuto, negociaciones febriles aquí y allá. A diferencia de antaño, los modernos capituleros tienen varios escenarios donde moverse, la mayoría de ellos ya no fundan clubes partidarios en la capital, sino que actúan en el interior del país y están a la cabeza de movimientos regionales o, según las llama la ley de partidos, organizaciones políticas de alcance local.

La política en nuestro país se ha convertido en un mercado con una clase política incapaz de procesar con eficacia y eficiencia las demandas de la sociedad. Un grupo focal puede decidir una postulación, al hay que endosarle un partido o vientre de alquiler, y si el candidato no tiene viada solo, entonces lo ideal es hacer alianzas con las decenas de capituleros nacionales y regionales. Cada elección que pasa deja un panorama partidario más desolador que el anterior, ahora con una creciente distancia entre la política nacional, la regional y la local. Los capituleros… de parabienes.

Publicado NoticiasSER.pe -01/12/2010

sábado, 13 de noviembre de 2010

Nuestros partidos: de la calle al focus group

Veintisiete partidos tienen inscripción vigente para participar en las elecciones de abril del 2011, si bien esto no es muy diferente de lo que ocurriera en elecciones anteriores, cabe preguntarse si existe igual cantidad de visiones de país. La respuesta parece obvia.  A poco menos de un mes del cierre de las inscripciones de alianzas partidarias con vistas a la elección de abril, los peruanos nos informamos por la prensa sobre las conversaciones, contactos, conciliábulos y arreglos por doquier, después de todo, está en juego la sobrevivencia de muchos de ellos, que de no alcanzar el 5% de los votos perdería la inscripción.
La sorpresa la semana pasada la dio el partido aprista anunciando la postulación de Mercedes Araoz. Si bien su candidatura había sido voseada con insistencia, no deja de sorprender su postulación que corta la carrera de otras precandidaturas anunciadas de altos dirigentes apristas (Velásquez Qusquén, Mauricio Mulder, Del Castillo…). Más allá de los problemas internos del partido, es significativo que se elija como candidata a una persona independiente y sin militancia política. No es la primera vez que el partido llama a votar a un candidato ajeno al aprismo, así lo hizo en los 30 con Eguiguren, en  el 45 con Bustamante y Rivero, y en los cincuenta votando a Manuel Pardo. Sin embargo, en esas oportunidades el APRA estaba proscrito. Ahora, que termina un gobierno que puede vanagloriarse de mostrar cifras macroeconómicas  en azul, con crecimiento económico constante y repetir  machaconamente que ha realizado “130 mil” obras, como gusta señalar el presidente, se abstiene de nombrar candidato propio. Algo que no hizo siquiera en el 90, luego de uno de los peores gobiernos de la historia republicana.
Altos dirigentes apristas han explicado que la elección de Araoz se ha realizado utilizando métodos “modernos” y “científicos”, según han señalado esto es, organizando grupos focales cuyos resultados los llevó a tomar la decisión de postular a la ex ministra de economía. No tiene nada de raro que los partidos hagan uso de estas herramientas para auscultar la opinión del electorado, tampoco que en base a ello tomen decisiones políticas, pero de ahí a elegir a un candidato a la presidencia de la república hay un trecho.
Es cierto también que de alguna manera hay que justificar al interior del partido su elección, pero las razones argumentadas para la postulación de la ex ministra de economía, da pistas del actual panorama partidario en el Perú. Por un lado, los partidos políticos son más dependientes de sus caudillos, algo que ha sido una característica casi constante en la política peruana. El Partido Civil, el Constitucional, el Demócrata, la Unión Revolucionaria, la UNO, Acción Popular, y el sinfín de partidos que en el Perú han existido no fueron capaces de sobrevivir a sus líderes. Los votos que del APRA son de García, como los del PPC son de Lourdes Flores y los de Fuerza Social son de Susana Villarán. A ello contribuye la creciente diferenciación social y el impacto masivo de los medios de comunicación. La individualidad de los candidatos es realzada por los medios de comunicación, los que a su vez se han transformado en el lugar privilegiado de la política, como antes lo fue la calle o el Congreso.
Por otro lado, antes que establecer un programa y ofrecer a la ciudadanía una serie de medidas para solucionar los problemas que aquejan a los peruanos, los partidos asumen el rol de traductores del sentimiento popular o sus estados de ánimo. Esto se hace visible en el frenesí que ocupa al Congreso cuando se dan episodios lamentables, como cuando un atraco culmina con la invalidez de una menor, o se produce una seguidilla de accidentes de tránsito; el impacto que esto produce en los medios lleva a los congresistas a actuar; entonces se aumentan las penas y se aprueba un código de tránsito para sancionar a peatones. Así el Congreso cumple con  traducir el estado de ánimo de la población, confundiendo esto con representación. Hablaríamos de representación si existieran propuestas de organización institucional de los intereses de la sociedad civil, pero aumentar penas o inventar nuevas no lo es. La noción de representación en la actualidad se aproxima a la de popularidad, por lo que tendemos a identificar a un dirigente, o partido, como representativo cuando tiene una imagen positiva en el electorado convertido en público o audiencia. Más allá de nuestras dudas, parece creíble entonces que un grupo focal suplante a un congreso partidario.
En ese rol de traductores, los partidos reducen su expresión ideológica, flexibilizan sus programas y estandarizan su imagen. Así como es mejor visto un candidato con perfil técnico y no político como Araoz, también lo es construir alianzas. La idea de partidos que sólo tengan candidatos propios no está bien vista, entonces se tramitan alianzas de última hora, que se ven facilitadas por la desideologización reinante y el culto a la “obra”. No es casual que la idea de proyecto político o de país sean expresiones de anquilosados partidos de izquierda, y es que literalmente corresponden a otro tiempo de la historia política del Perú. Susana Villarán, que se reclama como una mujer de izquierda y tiene en el “tío frijolito” su referente, hizo hincapié en su campaña en discutir aspectos técnicos de su futuro gobierno, como si la conducción del gobierno local no hubiera espacio para la política y ser de derecha o izquierda fuera irrelevante.